Rumbo al sur: una aventura de bikepacking por la Patagonia —parte 2—
por Julian Becher
Más al sur: dos opciones para continuar la aventura
¡Bienvenido de nuevo al viaje por la Patagonia! La última vez conté cómo llegamos a Puerto Yungay, donde tuvimos que elegir entre dos opciones muy distintas para seguir hacia el sur.
La primera era pedalear hasta Villa O’Higgins y continuar desde allí. Esta ruta implica cruzar dos lagos y avanzar por senderos estrechos, donde a menudo hay que cargar con la bicicleta a través de barro profundo. El tiempo es muy imprevisible y nunca está garantizado que puedas cruzar los lagos el día previsto. Algunas personas han tenido que esperar casi una semana por culpa del viento fuerte. Es una verdadera prueba de resistencia, pero para quien busca un desafío de verdad, este tramo puede ser la parte más gratificante de atravesar la Patagonia en bicicleta.
La segunda opción es tomar un ferry de dos días hacia el sur, navegando entre fiordos remotos hasta Puerto Natales. —Aviso: solo sale una vez por semana y hay que reservarlo con meses de antelación—. Aunque a veces el trayecto puede resultar algo monótono, los paisajes son espectaculares y es bastante probable ver delfines y focas. Además, sirven comidas a bordo, aunque las raciones son más bien pequeñas. Después de tantos días pedaleando y acampando, es una pausa extraña. El inconveniente: no hay internet durante todo el viaje y, al cabo de un tiempo, las vistas de los fiordos empiezan a repetirse.
En este punto el grupo se dividió. Algunas personas eligieron la ruta más dura hacia Villa O’Higgins, mientras que otras —yo incluido— optamos por el ferry. Tenía que regresar a Alemania por trabajo y no podía arriesgarme a sufrir retrasos, así que elegí la opción que funciona con cualquier tiempo —aunque pueda llegar unas horas tarde—.

En bicicleta por Torres del Paine
Cuando llegamos al Parque Nacional Torres del Paine, utilizamos las bicicletas para desplazarnos, algo especialmente útil porque los autobuses dentro del parque pasan con poca frecuencia. Queríamos evitar los campings más caros alojándonos en otros económicos y pedaleando hasta el inicio de las rutas de senderismo. El plan funcionó... pero dio lugar a jornadas muy largas.
Un día recorrimos 35 km en cada sentido por pistas de tierra hasta el inicio de un sendero, caminamos durante siete horas y después pedaleamos de vuelta hasta el camping. ¿Agotador? Sin duda. ¿Mereció la pena? Por completo. Torres del Paine es uno de los lugares más impresionantes por los que hemos pedaleado. Las carreteras serpentean entre cumbres espectaculares y lagos glaciares, y recorrerlas sin el tráfico habitual transmitía una tranquilidad especial.
Consejo: entra en el parque por la carretera Y-290; ¡muy recomendable!
El primer día llovió un poco, lo que evitó que los coches levantaran demasiado polvo, pero también hizo que acabáramos más cubiertos de barro que nunca. Aun así, fue inolvidable. Y no visites únicamente Base Torres: el Valle del Francés también merece totalmente la pena.

Por qué no pedaleamos en Argentina
Decidimos no recorrer Argentina en bicicleta. En su lugar, tomamos un autobús con las bicis, y resultó muy sencillo. Solo tienes que pagar entre 10 y 15 dólares en efectivo al conductor y cargar la bicicleta. Nosotros llevábamos bolsas para las bicis desmontadas, aunque parecía que otras personas viajaban sin ellas.
¿Por qué el autobús? Las condiciones para pedalear en Argentina no son ideales. Las carreteras carecen de infraestructura ciclista, el viento es brutal y las distancias entre poblaciones son enormes. El paisaje, aunque espectacular a su manera, puede parecer desolado y repetitivo. Por supuesto que se puede hacer —especialmente si estás preparado para luchar durante dos días enteros contra el viento en llanuras vacías—, pero nosotros no creímos que mereciera la pena.
Sin embargo, si te encuentras en el lado argentino, el glaciar Perito Moreno es una visita imprescindible —aunque la entrada sea cara— y el monte Fitz Roy también merece mucho la pena.
Consejo: si llegas temprano, quizá puedas entrar gratis al parque nacional.

El tramo final: el viaje de regreso
Cuando terminó nuestra estancia en la Patagonia, volamos desde El Calafate de vuelta a Santiago de Chiley después regresamos a Europa: cansados, felices y transportando unas bicicletas muy sucias.
El viaje fue inolvidable.
Me puso a prueba, me inspiró y me dejó recuerdos que conservaré para siempre.
No lo cambiaría por nada.
